Desollando la promesa de un ego destronado.

Yo

Ególatra del tiempo.

Yo

Amante de la omisión no pactada.

Yo

Me siento inmovilizado cual bestia por palabras huecas e imprecisas. Ahogado entre viles sonrisas ensayadas. Estático ante tu azaroso edicto, cuya cuenta atrás ha comenzado sin más réplica que un quizás.

Yo

Tejedor de mil redes perfectamente preparadas para cada situación debo comprobar como caen como hojas en un otoño etéreo ante el estruendo de tu insensatez. Unas veces carcajada, otras serán un incómodo lamento.

Yo

Arquero experto en lanzar fuertes y precisas saetas bajo órdenes que mañana serán contradictorias. Tentación en los reflejos. Autodidacta de las mentiras.

Yo

Anacoreta incomprendido en este holocausto de sentimientos sesgados. Meditabundo de mi propio repertorio de acciones que, para variar caerán como granizos contra frágiles cristales.

Yo

Ente rebosante de buenas intenciones que pretende ser una caricia en la mañana, la fuente de un amor inacabable. También capaz de convertirme en un sentimiento oculto, un beso distante. Una triste página en blanco.

 

 

Y sin embargo…

 

yo

 

Un doce de agosto no-cualquiera…

Te cerré hace tiempo una puerta que, entre tus golpes de viento intermitentes, me hacías sentir el hombre más temeroso del mundo. Un hipocondriaco sentimental por excelencia.

Temía la más mínima posibilidad de que apagara la hoguera que de tanto calor abastecía ese refugio que tan celosamente cuidaba.

Mi lugar. Mi escondite.

Te quise convencer de que no había nada de interés dentro. Que pasaras de largo con tus brisas de entre tiempo. Pero nada detiene tu curiosidad felina. Empezaste a abarcar también los ventanales acortinados.

Mi lugar. Mi resistencia.

Te rogué durante mucho tiempo que no cruzaras la línea y en este sin sentido de “dimes y diretes” me hiciste tropezar contra el escalón de tus huracanados labios.

Mi lugar. Mi destino.

Tiempo atrás hubiera repetido los mismos pasos, la misma sarta de estupideces que no me conducirían más que a un final ya conocido y que, por mucho que año tras año lo pudiera desmigar, siempre es el mismo con diferentes actores.

Doce meses desde aquél dejarme embaucar. Doce meses desde aquel dejarme llevar y seducir entre tus movimientos. Doce meses desde que me insuflaste una bocanada de vida irresistible, incomparable e incluso demasiado pura para estos curtidos pulmones.

Ahora ya, cansado y en la penumbra de mi querida hoguera, solo resuena el chasquido de la madera. Las puertas están calmadas. Los ventanales detienen las gotas de lluvia sin más. Ahora soy uno con el viento.

Mi lugar. Nuestro hogar.

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Numismática del desapego

El puro reflejo de lo que no queremos ver, ocurriendo donde no queremos saber. La agonía de la escarcha entre palabras que has de creer pues la más mínima de la vibraciones es capaz de tirar este castillo de naipes sin apenas una fila en la que confiar sostenerte.

Gestos mal interpretados de casualidades ajenas a tu control pero burlonas o como poco irónicas en todo su concepto. Preguntas por hacer que, de salir de esta boca, retrocederían las respuestas como caracoles a su concha, escurridizos, duros y en un cierto modo enigmático.

Entonces ¿qué puedo hacer? Me dirás. ¿Cuál es el camino a seguir? ¿La opción menos lacerante? Insistirás esperando que alguien te lo resuelva. Una ruta que seguir para nada obligatoria en la que la inmersión es tal que seguirás sin saber si al lanzar esta moneda cada día al aire te dará una victoria, una derrota…o serás de ese particular grupo del que piensa que caerá de perfil.

Y es que a veces hay que tirar la moneda al aire sí, pero en tu mano está darle un puntapié en pleno vuelo y tomar las riendas con todas sus consecuencias o girarte y no saber qué resultado se obtuvo.

En cualquier caso…tira la maldita moneda al aire.

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Anhelando hasta tu sombra

La noche se resiste. Una fina y fría manta envuelve su rostro acariciándolo, recordándole que debe volver al engranaje al que pertenece.

Se prepara como cada mañana, los mismos movimientos , el mismo resultado. Todo cuadra , todo encaja pues ya tiene la técnica realmente pulida…todo? No…esa mañana algo había cambiado y se dio cuenta en el momento en que saco dos pedazos de pan mientras calentaba su café.
Las dos bolsas de té eran excesivas en su termo. Le sobra agua, le sobra amargor.

Prepara sus defensas contra lo que le espera en su trayecto. Cubre cada centímetro de su piel y hasta varias veces. Se permite los ojos a sabiendas que dos nítidos cristales pelearan contra leves gotas de lluvia que, ociosas pretenderán recordarle la futilidad de la vida, de su sino.

Uno..dos…tres giros de muñeca , una despedida sin respuesta. Es la hora. Un día más y esta vez sin ella…

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Mi silencio en tu multitud

La fractura inminente provocada por tu desasosiego irracional. Tu trastorno de personalidad disociativa en base a palabras vacías que se hunden en la oquedad de mis principios.

Cicatrices pasadas que no sanan, escuecen. La insistencia de la falacia, la sonrisa ansiada oculta tras gestos mecanizados, cordiales, pretendiendo no herir pero faltando a su verdad.

Miradas que ocultan una verdad silenciada por el orgullo, esquivas. Retazos de una vida pasada que clama sangre y desesperación para una de las partes. No la más débil, sí la más ingenua.

Una sensación que se repite a diario, agarrándose a mi espalda. No es miedo, sí pavor. Absoluto temor durante la espera mientras el borde de la navaja se afila.

Eterna, desquiciante.

 Porque…

…¡El suelo tiembla!. Tambores… Tambores en lo profundo. No puedo salir. Una sombra se mueve en la oscuridad. No puedo salir. Ya viene…”

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Aberración Distópica

Arde. Siente como su piel quiere desprenderse de sus huesos en jirones dispares impregnados en un sudor irónicamente frío. Sus ojos pesan, quieren escapar de sus acuosas prisiones y ganas no le faltan de sumirlas en un sueño eterno.

Esta cáscara aparentemente pútrida contenedora de un alma enturbiada por el exterior está cada vez más inquieta, una bestia ajada rozando los barrotes de su prisión, desesperada, abatida…pero aún así enfurecida hasta con su propio respirar.

Nada le va bien a sus sentidos. Todo es susceptible de ser un enemigo a su frágil bienestar.

¿Todo? Quizás…

Una brisa se aventura entre las rocas de su desdicha filtrando un silbido vacío. Haciéndose notar pero sin sobrepasar el espacio de la bestia, un pequeño hada polvorienta y llena de vida, aventurera. No tiene miedo, sí curiosidad.

Él la olfatea y le embriaga su aroma a coco. Ésta ha conquistado su nariz casi al instante pero no ha ganado más que una simple batalla.

Torciendo forzosamente el morro se retuerce en el suelo buscando la atención de esa nueva compañera de prisión…¿Quién se lo iba a decir? Desconfiado pero deseoso de saber más.

Pasaron las horas, días…

…y el vínculo es irremediablemente un hecho en la casuística más absurda. La nada y el todo entre sus verdosos ojos que no dejan de buscar la frescura haciéndole olvidar sus instintos más oscuros, sus barrotes de odio y flagelación.

Lo intenta pero sin mucho esfuerzo ante la mirada tierna del hada expectante, a veces se ve reflejado a sí mismo en las húmedas charcas que antes rezumaban en su propio sudor y que ya no tienen cabida en esa burbuja que, la críptica pero animosa ser le ofrecía.

Pasaron meses, años…

…sobre dos paras la bestia ya no parecía tan temible e incluso comenzaba a desperezar a sus atrofiados ojos, pues aunque la oscuridad envolvía su prisión, tenía motivos para usarlos. El leve tintineo que le había acompañado todo este tiempo ya no le parecía tan intenso como antes y necesitaba saciar nuevamente su curiosidad, pues los cambios le aterran.

Pasaron décadas, siglos…

…el ser ya no mordía, hablaba. No rugía, abrazaba. No estaba rabioso con el mundo pues su mundo estaba dentro junto a él.

Pasaron milenios, la eternidad…

…y allí entre tanta oscuridad descansa el cadáver de un hombre envejecido con una amplia sonrisa infantil sujetando el esquelético ser alado junto a su pecho eterno, impasible, incondicional.

Soñando con nunca despertar…sin ÉL

 

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…o morir en el intento

Como una simple hoja caída de un árbol en la orilla del caudal de tus ojos, yo me dejé llevar por este río de sensaciones tan dispares, tan  lo que tú y yo somos. A veces la mitad de cada-uno y otras veces la mitad de cada-otro.

Un trayecto donde la calma es a la vez necesidad y obligación. Donde la hostilidad se transforma en pasión . Cuya finalidad parece difusa pero hay flechas en el otro extremo que marcan la línea de llegada con notoria luminosidad.

En ningún momento pensé que, cada afluente que se unía en esta travesía, harían que este fortuito viaje me sedujera de tal manera que copara mi objetivo final y pese a todo eres mi viejo mapa en este constante laberinto de decisiones exageradas por mi neonato espíritu, poco aventurero.

Y es hoy que abandono el seno que me acogía cuales cálidos brazos maternos. Es hoy que corto el cordón umbilical con mi mundo y no para unirme al tuyo, si no crear uno nuevo juntos. Es hoy que me tiemblan las piernas, me pesan los párpados y alguna lágrima peregrina ha decidido suicidarse y así perderse en mi frondosa barba, pues como su dueño, prefiere ocultarse al mundo tras ramas y espinas que solo hacen daño al exterior.

Soy consciente de que las reglas del juego no son las habituales. Que no me como una y cuento 20. Que el jaque mate es un camino sin salida. Que una escalera de color es más que un poker. Yo juego con mis propias reglas

….y vengo a ganarte.

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Amor fantasma

Irreal.
Como la paz que emana de una ola que no rompe en las entrañas de un frío mar pero que enfurece al tocar la orilla.

Engañoso.

Como ese gesto amable y cordial, cariñoso y edulcorante, que pese a ser regalado desde mi interior arde y rasga cada centímetro de mi alma al escupírtelo con la mejor de mis sonrisas.

Novelesco.

Como la capacidad de elaborar historias que no llevan a nada pero que te enganchan con su introducción, te estremecen con su nudo y te hacen plantearte las cosas con su final, vacío.

Utópica.

Como esa despedida que se aproxima , que más temprano que tarde llegará entre ojos nublados. Cuando me veas marchar y comprendas que ahora ya no me verás volver.

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Queen of Damned

Y dime…¿qué tal el aire desde tu recia montaña de cadáveres amontonados?
¿qué tal la sensación de poder desde tu trono putrefacto hecho con jirones de otros que, como yo, creyeron tus dulces palabras rellenas de mentiras y agonía.

Dime, ¿quien es tu último reposapiés de piel humana que te lame las gotas de sangre de tus propios actos? Todas aquéllas que pudieran salpicarte en tu afán sádico, en tus tan habituales fiestas del terror. Otro pobre maldito con su destino ya escrito en la frente. La fecha de caducidad bien tatuada en ella y sin espejos alrededor para que la incertidumbre le sirva como clavo al que agarrarse y esta vez es literalmente uno que arde.

Y dime “oh reina de los condenados” ¿qué se siente al llorar por tus actos a sabiendas de no querer otra cosa más que jugar con lánguidos muñecos de trapo repletos de algodón y paja?

Preguntas que se pierden en el sinsentido de lo oscuro sin esperar que llegue a ningún oído en concreto pues aquí yazco yo junto al resto de víctimas , uno más, en tu muro, observando el pasar del tiempo mientras recuerdo el pasado con odio pero….alguna sonrisa cínica escapa. La única cosa que podría saciarme entre grilletes y sangre, entre lágrimas resecas y ese hedor constante a muerte…
….solo una cosa y es que…te vi venir…pero NO quise pararte.

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